Aceptar y comprender la propia dimensión humana, respetando las legítimas diferencias.
Aceptar y comprender a las demás personas dentro del contexto de una sociedad de seres intrínsecamente valiosos, y, desde la base ética y moral.
Convivir con otras personas de manera respetuosa y cortés.
Respetar el entorno y el planeta. Ser responsable hacia uno mismo, hacia las tareas a desarrollar, en el consumo y hacia la sociedad.
Dar cumplimiento a los compromisos adquiridos, lo que genera confianza y tranquilidad en las personas.
Orientarse al deber como concepto que constituye la materia prima de la responsabilidad. Ser coherente con los valores del bien común.
Ser capaz de diferenciar el bien del mal.
No engañar a los demás, ni apropiarse de lo ajeno.
Asumir debilidades y fortalezas propias reconociendo las áreas de mejora.
Ser una persona confiable. Tener actitud y aptitud para proveer a los demás lo mejor de sí mismos.
Trabajar en equipo para ir en ayuda de quienes más lo necesitan, valorando a las personas y sus legítimas diferencias.
Comprometer ayuda con el propio esfuerzo.
Actuar voluntaria y desinteresadamente, sin esperar retribución.
Ser un agente de cambio, buscando gestionar soluciones a problemas complejos que afectan al entorno más cercano. Poseer sentimientos expansivos que abren posibilidades de aprendizaje y de goce por el nuevo conocimiento.
Apoyar la mentalidad de aprendizaje y el liderazgo a través de la alegría.
Sentir optimismo y sensación de pertenencia a la comunidad, en especial para llevar a cabo desafíos en equipo y colaboratividad.
Enfrentar las dificultades con seguridad y con disposición positiva, abrazando los obstáculos como parte natural de cualquier proceso y, desarrollando así, la resiliencia.